
Aquellos besos de miel me dejaron el regustillo a caramelo toda la semana, aquella semana en la que no había momento alguno en el que no pensara en ti. Me miraba al espejo y llevandome los dedos a los labios, me reía picaruela, sonrojandose mis chapetitas como cuando se me encienden cuando te veo.
- Labios de caramelo - le repetía al espejo, sin darme cuenta de que aún seguía en el instituto - los echo de menos.
Me vuelvo a reir mientras me rizo mechones del pelo con los dedos sin darme cuenta.
- Te quiero - le confieso a mi amigo. A mi amigo el espejo, que quede claro.

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