viernes, 15 de enero de 2010

Café con sal


Estaba esperando a alguien, no sé a quién ni por qué, pero si sabía que lo hacía porque le observaba tras la muchedumbre. Se reflejaba en el cristal, parecía modelo de escaparate con la mirada hierática y penetrante que me hacía sentir que lo tenía a 3 centímetros de mi cara. Miraba al vacío, ansioso de que llegara esa persona. No podía soportar más esa mirada, así que me fui para no tener que volverla a ver.

Al cabo de un rato me rujía la barriga (como no, siempre tan caprichosa), y como pasaba por al lado de una cafetería, entré. Pisé un escaloncito que me adentraba en ella, siguiendo hasta la barra dije:


- Por favor, ¿qué desayunos tienen hoy en el menú? - creo que los menús del desayuno tambien cambian, ¿no?


Mientras que el camarero me tría el menú me dediqué a buscar asiento con la mirada. Por la derecha... nada. Detrás... nada. A la izquierda... él. ¿¡Qué!? ¿¡Dónde estaba yo ahora mismo!? No me lo podía creer, engañada por mi subsconciente.


- Perdone - le dije al camarero - no hace falta que me traiga ya el menú, gracias - dije con un hilillo de voz.


- ¿Puede repetirlo? - dijo entregandome el menú.


- Que... ehemm - me rasqué la garganta - NO HACE FALTA QUE ME TRAIGA EL MENÚ - se me escapó la voz, ¡había subido demasiado mi volumen!

A la señora de al lado se le había derramado encima el café del susto que se llevó, aunque estaba furiosa se me escapó una carcajada.

Mire hacia donde el se sentaba y, como me lo esperaba, me estaba mirando. Se me cambió la cara completamente; le sonreí para no hacer el feo y me hizo un gesto para que me sentara a su lado.


¡Nooooo! - estaba pensando - Por qué a mi, ahora me tendrá que contar que lleva ahí toda la mañana esperando a cualquier estúpida chica...

Y yo aquí - pensaba - con la ropa más fea que una chica pueda llevar: vaqueros anchos con las rodillas rotas (sí, y manchadas; me acababa de caer al barro pero es un detalle que preferí pasar por alto. ¡Ah!, y los pantalones no eran anchos, ¡me quedaban gigantes!), una camiseta de tirantes verdes con estampado floral (a lo ortera, olé ahí) y encima un chaleco de rejillas azul eléctrico. Ah, se me olvidaba; llevaba también las chanclas gigantes de mi padre (que parece que llevaba dos barcas a cada pié) porque mis zapatos estaban empapados del día anterior.


Bueno, hayá vamos - me dije a mi misma.


1 siropes derramados:

Dani D Peto dijo...

Algo de me dice que ese chico estaba deseando sentarse con ella a tomar el desayuno, sino... no creo que la hubiese invitado a sentarse a su lado, no?
porcierto, que no se queje la chica de estar llena de barro... porque podria ser peor, sus pantalones podrian estar manchados de pota como los mios... xDDDDDDDDDDDD

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